Crónica sobre La Matanza de los trabajadores en Guayaquil.

En el Ecuador de aquella época del gobierno del presidente de la república José Luís Tamayo (1920-1924), se encontraba indiscutiblemente un auge del Mercado Capitalista sobre todo en la ciudad de Guayaquil, quien competía con el mercado internacional por la exportación del cacao. Algunas personas que mantenían el control de grandes cantidades de tierras adquirieron grandes sumas de dinero, pero este negocio no solo trajo a Guayaquil creciente del capital, sino que también el flujo de ideas nuevas y que las personas que tenían esto pensado, eran llamadas como “anarquistas”.

Guayaquil recibía un sin número de visitantes de las distintas provincias del país, que se aventuraban a venir en busca de una oportunidad de trabajo y de mejor vida. Pero ello solamente fue un anhelo ya que quienes venían de otras provincias como los nacidos allí, no veían los frutos de aquel auge económico. Para entonces toda la cantidad de ganancias que circulaban era exclusivamente del crecimiento comercial del cacao. Pero este flujo de ganancias en realidad era para aquellos privilegiados, que ahora buscaban relacionarse con el poder político para poder reforzar su poder económico.

Los sectores pertenecientes a la burguesía agro-exportadora, lograron su cometido de estrechan lazos con el gobierno, consiguiendo mayores privilegios mientras sus trabajadores seguían viviendo en la más absoluta pobreza. El resultado de estos privilegios fue, la creación de bancos para mantener a salvo sus inversiones, la realización de una serie de fraudes especulativos y devaluar la moneda para asegurar sus capitales, en plena crisis del cacao.

Pero mas adelante llegaron las plagas que destruirían los cultivos y un sinnúmero de hectáreas, y el gran negocio perdió ventas paulatinamente y su espacio en el mercado a la vez que su precio bajaba precipitadamente. La llamada “aristocracia” comenzó a perder todas sus inversiones, pero junto a la banca guayaquileña de la mano con el gobierno, crean una serie de mecanismos que les permiten asegurar su dinero sea como sea y a costa de quien sea.

Con ello el que sale absolutamente perjudicado fue el pueblo ecuatoriano que en su mayoría era de bajos recursos. Los bancos comienzan a emitir dinero sin respaldo para que el gobierno aliado entregue presupuesto para un feriado bancario, por tanto, esta y otras artimañas fueron el detonante de las sucesivas huelgas de trabajadores guayaquileños.

El ambiente que se vivía en esos días era de gran conmoción. La escasez de los alimentos de primera necesidad, producto de la especulación y la devaluación de la moneda, conllevó a que los sectores pobres se organicen y se unan en sindicatos para plantear sus demandas y llevarlas a cabo. La Federación de Trabajadores Regional del Ecuador, era una muestra de la difusión del mensaje entre los sectores laborales. Esta federación fue quien tomo la posta, mas adelante también los trabajadores ferrocarrileros de Durán quienes proponen la primera huelga a finales de octubre de 1922. Seguido a esto se unirían marchas de apoyo y la sucesiva huelga de los trabajadores eléctricos y otros sectores que poco a poco se irían uniendo.

Como era de esperarse esto desembocó y dio como resultado una paralización de 3 días, una huelga general de los trabajadores. La ciudad en ese período de 3 días pasó bajo control obrero, que dio muestra de la capacidad orgánica de los sindicatos y sus militantes. Los días del control obrero, transcurrieron relativamente en paz.

Inesperadamente el 15 de noviembre de 1922, se movilizaron por las calles de Guayaquil gran cantidad de tropas con el fin de acabar con la marcha de los obreros. Más adelante se conocería que, la causa de esta movilización fue una carta del presidente de la republica José Luís Tamayo hacia el coronel Barriga, en la que decía explícitamente que “hasta mañana pasada de las 6 quería orden en Guayaquil, sea como sea queda usted advertido”.

Los eventos de este fatídico día se desarrollaron de la siguiente manera:

Eran las 4 de la tarde y las primeras balas se escuchaban por el malecón, los militares habían llegado a la ciudad y la orden había sido decretada. Cientos de personas, niños, jóvenes, ancianos, mujeres caían a punta de ráfaga de fusil. Los que alcanzaban a escapar, corrían desesperadamente a las tiendas de armas para buscar algo con qué defenderse. Aquellas personas que se habían dirigido optimistas por aquel triunfo popular, eran de un momento a otro asesinados. Sin remordimiento mataban a diestra y siniestra, sin importarles si tenían familias, hijos, etc.

Después de aquella matanza humana, los militares con sus bayonetas habrían los cuerpos de los cadáveres, los llenaban de piedras y los lanzaban al río, obviamente para que el cadáver no suba a la superficie. Miles fueron las personas que no solo estaban en el río, sino, también enterradas en fosas comunes, para desaparecer su rastro. Según investigaciones hechas pero no verificables se calcula que, las cifras de muertos van entre 2000 a 5000 personas, y hay que tener en cuenta la población total de aquel entonces, para poder ver la magnitud de este genocidio.

A raíz de esta absolutamente cobardía por parte de las tropas, se criminalizó la protesta, tanto como los movimientos sociales y trajo consigo una voraz persecución y exilio a los dirigentes sindicalistas. Debemos recordar que lo ocurrido el 15 de noviembre de 1922 en Guayaquil, no es un evento aislado.

La masacre en el puerto es muy similar a la matanza de Santa María de Iquique en Chile en 1907, la Semana Trágica en Argentina en 1919 donde mueren cientos de obreros o también la Masacre de las Bananeras en Colombia en 1928 con un desenlace aterrador.

No es casualidad que en todos estos episodios, el movimiento obrero caracterizado por el sindicalista que quieren salir de la opresión y llegar a la “libertad” fueran asesinados a través de la controversia de gobiernos tiránicos que vieron como con gran fuerza y organización el pueblo tomaba el control de sus propias vidas y creaba un mundo alterno al de la imposición y la fuerza.

Tantos años después de todas estas masacres, nos quedan tan solo tres cosas:

La memoria histórica o también denominada memoria colectiva, que a veces puede ser frágil y que siempre hay que conservarla.

La impunidad que ha convivido con nosotros desde los tiempos más antiguos. Y algo muy importante que es el referente que sirve como ayuda y guía a los nuevos movimientos sociales, un referente de que no todo está perdido y que sí se puede crear un cambio, pese a que a veces esto conlleva a la muerte por culpa de aquellos gobiernos que a través de la historia de la humanidad, en vez de ser un llamado “gobierno para el pueblo” se han convertido en dictadura, que lo único que le interesa es aplastar y desechar los derechos humanos a su antojo.

Para finalizar se recuerdan los 87 años de la mayor masacre contra el pueblo de Guayaquil, pero no ajeno al resto del país. Actualmente existe un libro de Joaquín Gallegos Lara llamado “Las Cruces sobre el Agua”, que es una novela que relata los sucesos que ocurrieron ese día.

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4 comentarios to “Crónica sobre La Matanza de los trabajadores en Guayaquil.”

  1. Thup Diablithap Pinargote Says:

    graxias x ayudarme acer la tarea de lenguaje

  2. wso download Says:

    It’s in reality a nice and helpful piece of info. I’m happy that you simply shared this helpful information with us. Please stay us informed like this. Thank you for sharing.

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